Tomiki Aikido

Juan Carlos Aguilar

 

ARTÍCULOS

 

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Pinturas por J.Carlos Aguilar de la Serna

Miyamoto Musashi

Miyamoto Musashi | Cuadro

Bushido
Bushido

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Recopilación hecha por J.C.Aguilar.

Hirafuku Hyakusui, tío de Tomiki ,un conocido pintor.

En 1913 Tomiki Kenji entró en el Escuela Juvenil Superior de la prefectura de Yokote. Durante ese tiempo tomo parte activa en el club de judo. Después de graduarse enfermó y le llevó 3 años y medio recobrarse. Durante este tiempo, recibió apoyo y estimulo de su tío el famoso artista Hyakusui Hirafuku. Tomiki Kenji nos ha legado muestras de su calidad como calígrafo y pintor. En este particular la influencia de su tío debió de ser determinante.

El pintor Hirafuku Hyakusui (平福  百穂)  nació  en 1877 en la ciudad de Kakunodate, prefectura de Akita. Su padre fue el pintor de Nihon-ga Hirafuku Suian. Después de trasladarse a Tokio y estudiar con Kawabata Gyokusho, participó en la formación del grupo Musei-kai y se dedicó a revolucionar la Nihon-ga (pintura de estilo japonés) con su estilo naturalista de la Nihon-ga que incorporaba el realismo occidental. También participó en las exposiciones  Bun-ten y Tei-ten. Hyakusi formó el grupo Kinrei-sha co Kaburagi Kiyokata y otros en 1916.  Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Tokio en donde, en 1932, asumió un cargo de profesor. Allí enseñó pintura y desarrolló un enfoque clásico riguroso, pero con nuevas cualidades expresivas, en concordancia con un estilo refinado y original del dibujo. Pintó paisajes y temas históricos con un sabor narrativo y gráfico de la movilidad personal y moderno. Falleció en 1933. En el cementerio del templo Gakuhoji, que está en el área de Kokunodate, se encuentran su tumba y la de su padre. En la ciudad de Semboku está el “Hirafuku Merorial Art Museum”, en donde se pueden admirar una colección de obras de su padre Suian Hirafuku y del mismo Hiakusui Hirafuku.”

 




 


          
 

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El Sistema Tomiki de enseñanza del Aikido
Publicado Noviembre 27, 2006

 

Por Juan Carlos Aguilar Sensei

En el año 2000 Budo International realizó un video en el que aparecian algunos de los exponentes más relevantes del Sistema Tomiki de Aikido. Sus protagonistas, entre los cuales tengo el honor de contarme, fueron Ken Broome, Steve Hogg, Gary Hogg y Miguel Molina.

Ken Broome y los hermanos Steve y Gary Hogg son profesores en el Jugokan Dojo de Londres a cuyo frente estaba en aquella época hasta su traslado a Australia la Dra. Lee Ah Loi Shihan. Junto con la edición de este video apareció publicado un artículo introductorio sobre el Aikido Tomiki escrito por mi.

Como aconsejaba Alfredo Tucci, director de la revista Cinturón Negro en la que apareció el artículo esperamos que sea leído por los practicantes de otros estilos de Aikido “con la mente y el corazón abiertos, pues los prejuicios son sólo una forma de expresar el miedo”.
Lo que aparece a continuación es una adaptación de dicho artículo:
 

TOMIKI AIKIDO

La Inteligencia y el Progreso aliados con al Esencia y la Tradición

Estas líneas aspiran a ser una breve introducción al Aikido Tomiki para dar a conocer de manera sucinta los esquemas en los que se basa este sistema de enseñanza. Intentaré aclarar la visión parcializada que hay acerca de este sistema y paliar en la medida de lo posible la ignorancia existente entre muchos aikidokas de otras escuelas.

En primer lugar una breve visión de conjunto:

En el Aikido no existe la ortodoxia, sólo podemos guiarnos por el sentimiento de fidelidad a su significado. Tampoco se puede hablar estrictamente de tradición, ya que ésta se podría remontar como mucho a unos 60 años desde que el arte de Ueshiba empezó a llamarse con ese nombre.

Por su propia idiosincrasia Ueshiba O-Sensei no dejó establecido ni fijado nada. Se lo impedía su propia naturaleza de verdadero creador, de buscador infatigable y sincero, de artista marcial profundamente místico.

Lo que hoy tenemos es el fruto del esfuerzo de fijación y creación de sistemas de trabajo llevado a cabo por sus seguidores más destacados, que originaron las escuelas fundamentales e iniciales de Aikido, estas son:
Yoshinkan Aikido de Gozo Shioda, muy ligada técnicamente al trabajo temprano del maestro. Con un Aikido contundente y un sistema de enseñanza muy adaptable a la instrucción de grandes grupos.
Aikikai Aikido, establecido por Kishomaru Ueshiba, hijo de Morihei Ueshiba; la más extendida. A su frente está el Doshu, cargo que se trasmite de forma familiar hereditaria. Técnicamente sus seguidores se adscriben a muchas tendencias marcadas por las diversas formas de trabajo de importantes sensei establecidos por todo el mundo. Escindida de la Aikikai hace relativamente poco está el Iwama Ryu Aikido, que sigue las enseñanzas del desaparecido Maestro Saito Morihiro, con énfasis en el manejo de las armas tradicionales, el bokuto y el jo.

Ki no Kenkiu Kai Aikido o Escuela del Ki de Tohei Koichi, enfocado en el cultivo de la energía vital o Ki.

Y por último el Tomiki Aikido de Tomiki Kenji, llamado también “Kyoghi Aikido”; y “Shodokan Aikido” por los seguidores del maestro Nariyama de la rama de Osaka. Con un sistema de enseñanza diferente influenciado por las ideas didácticas de Jigoro Kano el fundador del Judo.
Todas siguen las enseñanzas del fundador con igual potestad moral aunque aproximándose a ellas desde diversos ángulos, con variable poder y difusión entre el conjunto total de practicantes de Aikido.

El Arte de Tomiki
Para empezar, hagámonos algunas preguntas fundamentales: ¿Qué aporta de original el sistema Tomiki de Aikido? ¿Su existencia tiene realmente algo que decir al practicante de Aikido? o ¿Apareció simplemente a causa de una separación política debida simplemente a la admisión de la competición?

El Aikido del profesor Tomiki tiene un importante doble significado:

1º En principio incorpora el deseo y la visión de que el Aikido ocupe el lugar que le corresponde entre los modernos Budo y en el sistema educativo, así como una visión de cómo lograrlo. Esto toma especial relevancia si situamos estas ideas en la época en la que surgieron.

2º En segundo lugar se trata de un sistema de enseñanza del Aikido diferente y más rico. Esto es debido a la inclusión en su programa didáctico del Randori que goza de igual importancia que el Kata.

Es decir, y esto es lo más importante como sistema diferente, de la utilización tanto de la forma de enseñanza a través de modelos propuestos por el profesor y repetidos por los alumnos, que es la forma casi exclusiva de enseñanza de las demás escuelas de Aikido, como de la puesta en práctica de forma habitual, en prácticamente todas la clases y desde los primeros niveles del practicante, de las técnicas aprendidas a través de modelos, de una forma libre y progresiva (diferentes niveles didácticos de dificultad en práctica libre).
En la forma de enseñanza a través de modelo a imitar (en japonés “kata”, es decir forma o modelo) queda claramente preestablecidos el Uke y el Tori, es decir el que aplica la técnica y al que se la aplican. En la práctica libre los perfiles de un uke y un tori, es decir el “reparto de papeles o roles” empiezan a desdibujarse, hasta que en los últimos niveles de randori se pierden por completo.

Habría que diferenciar aquí lo que es la práctica de Randori (con sus diversos grados) y lo que es el Shiai o Competición de práctica libre. Es decir los Torneos o eventos competitivos. La competición no es en absoluto lo más importante como sistema de enseñanza aunque sí distingue y resalta al Aikido Tomiki de las demás escuelas.

El Aikido y su lugar entre los Budo Japoneses modernos

Kenji Tomiki veía al Aikido como complementario del Judo y consideraba a ambos la expresión contemporánea de las múltiples escuelas antiguas de Jujutsu; es decir de los sistemas japoneses de combate a manos vacías contra atacantes armados o desarmados. En el Aikido y el Judo se sintetizaban los antiguos sistemas de lucha de la tradición guerrera japonesa bajo unos nuevos aspectos educativos y éticos, pero sin perder lo mejor de la tradición.

Esta modernización se refiere a dos aspectos diferentes:
Aspectos del pensamiento: Al sustituir las estrechas relaciones que mantenían los antiguos jujutsu con el confucianismo, el budismo (especialmente el Zen) y el Shintoismo, por ideas éticas y filosóficas conectadas con las antiguas religiones pero bajo aspectos que pudieran ser asimilados por las ideas educativas modernas y que no parecieran extrañas fuera de Japón.

Se trataba por tanto de expresar las ideas universales de cooperación, amor, armonía, respeto a los predecesores y búsqueda de autorrealización, que subyacían bajo estas religiones y sistemas éticos japoneses o asentados desde hacía siglos en Japón, pero haciéndolos comprensibles para el público no japonés o asiático, y, además, compatibles con las educación y las necesidades de los nuevos tiempos.

Aspectos técnicos: En el Aikido se encuentran técnicas de Atemi Waza y Kansetsu Waza con adversarios separados a cierta distancia, que por su peligrosidad fueron eliminadas por Jigoro Kano del Judo en su sistema de práctica libre. De ahí su complementariedad con el Judo. Esta eliminación se produjo ante la dificultad encontrada por el fundador del Kodokan para poder incluir estas técnicas de forma segura el Sistema Randori.

Tomiki pensaba que el sistema de práctica libre era fundamental para proveer al Aikido del poder real que poseían sus técnicas y evitar así la degeneración en un sistema casi “teatral”, como había ocurrido con numerosas escuelas antiguas de Jujutsu y Kenjutsu cuando la estricta legislación del Shogunado Tokugawa, celosa de evitar desordenes públicos y de mantener su estricto control sobre todas las copas de la población habían prohibido el Shiai o combate libre y los desafíos y encuentros entres diferentes escuelas de bujutsu. Tomiki ponía ejemplos de escuelas de Kenjutsu, tales como la Kenpo Kaho, que al practicar exclusivamente mediante formas preestablecidas o kata (tal como se hace en todas las escuelas de Aikido hoy en día excepto en el sistema Tomiki) habían degenerado y resultaban casi ridículas.

El Sistema Tomiki de Aikido basa pues su método de entrenamiento en el sistema de Kano en el sentido de que trabaja mediante las “formas-ejemplos” preestablecidas que son propuestas por el sensei (como las demás escuelas de Aikido) pero complementándolo con un sistema progresivo de práctica libre o Randori.
Es en esto último donde está el mérito y la genialidad del profesor Tomiki, que supo, mediante un atento, delicado y profundo estudio de las técnicas de Aikido, adaptar estas de forma segura a la práctica libre y crear un sistema de enseñanza que incluyese el randori de forma enriquecedora para el practicante. Todo esto a pesar de que en sus últimos estadios se llega en ciertos aspectos a los extremos del combate real.

El Sistema Tomiki las formas tradicionales se preservan en los llamados Koryu no kata, un sistema de seis grandes grupos de técnicas antiguas con un total de 177 técnicas.

Para la preparación al randori Tomiki creó un grupo de técnicas básicas que en un principio fueron 15 y mas tarde se ampliaron a 17 y de 10 contratécnicas pensadas para la práctica libre, así como de un sistema de estadios de entrenamiento libre óptimamente diseñado para posibilitar el entrenamiento en randori evitando el riesgo de los practicantes pero que preserva el tensión psicológica, el desarrollo de la agilidad mental e intuitiva, el coraje espiritual y la riqueza de situaciones que sólo puede ofrecer el combate libre.
Este sistema progresivo está basado en el grado de realidad con el que Uke ofrece su ataque a Tori. Funciona ésta como una propuesta de trabajo que el buen Uke, basándose en el Método, sabe dar a su compañero y depende del grado de resistencia, que sin utilizar la violencia ni la fuerza bruta, debe ofrecer Uke a su compañero.

Groso modo la estructura seria:
· Conocimiento del Kata (grupo de técnicas) de randori
· Práctica de Kihon específico para preparación a randori. Todo ello seguido de los estadios de práctica libre propiamente dichos:

· Kakarigeiko, randori sin oposición por parte de uke.
· Hikitategeiko, uke ofrece una oposición variable en cada caso dependiendo de las instrucciones del profesor en cada practica y que pueden ir desde una resistencia ligera hasta una casi total que llega por último a lo que se conoce como:
· Randori puro, en donde la resistencia por parte de uke a los intentos de tori de aplicarle técnicas es absoluta.

Respecto al controvertido a los ojos de otras escuelas de Aikido, Shiai o competición de Randori, habría que matizar ciertos puntos:

1. No cabria incluir al Shiai dentro del entrenamiento en randori. Se trata de una aproximación deportiva, reglada en la que uno en el fondo no pude entrenarse previamente, pues la experiencia REAL sólo se produce el encuentro competitivo.

2. El objetivo didáctico es el de ofrecer al practicante la posibilidad de experimentar el “stress” psicológico que sólo este tipo de práctica ofrece. A los ojos de Tomiki Sensei era una forma de reproducir el “campo de batalla” en el mejor sentido de la palabra y acompañado de todo lo que este “campo de batalla” ofrecía al antiguo samurai. El lugar donde podía realmente demostrar a los demás y a sí mismo su caballerosidad, hidalguía, compasión, bravura y respeto por el adversario.
3. El Shiai o competición no es visto por la mayoría de los practicantes del sistema como lo esencial o más importante.
4. Por último decir que otro de los objetivos de la competición para Tomiki Sensei era el acercar el Aikido a los jóvenes con la esperaza de que así habría muchos que más tarde profundizarían en la onda riqueza que puede ofrecer el Aikido.

Habría que matizar una idea generalizada en ciertos ámbitos de que el Aikido Tomiki es un sistema rudo. Nada más alejado de la realidad. Insiste en la práctica correcta de los principios y muy especialmente del Yawara o “gentileza” en las aplicaciones, en el kuzushi o desequilibrio del contrario logrado no mediante un sistema coreográfico sino a través de la sabiduría profunda de sus mecanismos pero no mediante el mero empleo de la fuerza muscular.

En Aikido Tomiki no se práctica otra cosa que Aikido en su estado puro. Su relación con el Judo se limita al sistema didáctico. Un sistema óptimo para el progreso y que a los seguidores de Tomiki Kenji Sensei nos parece el mejor método de aprendizaje.

No obstante estos practicantes no debemos olvidar los peligros de la excesiva deportivización para evitar los derroteros que el Judo ha ido tomando con el tiempo. A este respecto convendría recordar un consejo extraído de uno de los libros de la Dra. Lee Ah Loi Sensei (7ºDan Aikido, 7ºDan Iaido, 7ºDan Jodo, 1º Dan Kendo). Era el siguiente:
“Mi ruego es que no sigamos exclusivamente en el camino del Randori y acabemos como en el actual Judo, que no guarda ningún parecido con el Judo de Jigoro Kano.
El Aikido nunca fue pensado para la competición, si ésta sólo significa un ganador y un perdedor…
Es mejor perder bien, mostrando AIKIDO, que ganar sin mostrar los principios del Aikido”

Lee Ah Loi Sensei, “Tomiki Aikido, Past and Future”
Espero que éste breve artículo ayude a comprender en qué se basa el Sistema de Tomiki Sensei y que aclare por otra parte alguno de los conceptos erróneos que se tiene sobre él por los seguidores de otros sistemas.

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Bokuden y la escuela de la no-espada
Publicado Noviembre 4, 2006

Por Juan Carlos Aguilar Sensei

Si realmente creemos que la práctica del las Artes Marciales puede aportarnos algo más, aparte de lo físico, si pretendemos que así sea, como aikidoka creo que junto a nuestro entrenamiento habitual deberíamos seguir un camino complementario que nos permitiera progresar en la dimensión profunda de nuestro arte y llenar de significado nuestros esfuerzos en el Dojo. Estas ayudas en la búsqueda del camino pueden llegar de muy diversa procedencia. No hay reglas para ello y muchas no tienen nada que ver a veces con las artes marciales. En otras ocasiones sí hay una clara relación. Es el caso del Zen, al que muchos nos acercamos, bien practicándolo o, simplemente, a través de la lectura.

Por su relación histórica con el Budo japonés, es en el Zen donde podemos encontrar un significado más hondo a nuestra práctica.

El Aikido, por su origen, está más ligado a la tradición Shinto que al Zen. No en vano O Sensei era un devoto ferviente de la secta Omoto de shintoismo y todo el significado filosófico del Aikido original se relaciona con esta rama Shinto y especialmente con la teoría del Koto-Dama (Sonido-Espíritu).

Sin embargo la visión Shinto no es tan honda como la budista y especialmente la Zen. Para ilustrar esto tomemos como ejemplo un objeto eminentemente marcial como es la espada, la katana japonesa. Para la tradición shinto, es un objeto impregnado de enigmático poder, habitado por los Kami o fuerzas de la Naturaleza. Tiene por tanto todavía un significado naturalista. Es un objeto, no un símbolo.
A pesar de la relación estrecha del Aikido y el shinto, creo que nuestra idea sobre la espada, sobre el Budo en general (integrado en nuestra vida a través de la práctica) debiera estar más en relación con la visión Zen. En ella, la espada es un símbolo. Un símbolo de ideales superiores.
Voy a referiros una historia que ilustra lo que estamos comentando:


EL RELATO

La barca se deslizaba lentamente, con su remendada vela desplegada, atravesando el lago Biwa, en el corazón de la isla de Hoshu. Había salido de un pequeño embarcadero situado junto al camino de Kioto, dejando atrás, junto a la dársena, la casa del barquero, una sencilla cabaña con techo de paja. El anciano se ganaba la vida transportando a los viajeros a otro punto en la orilla del lago. Se ahorraban así un buen trecho retomando desde allí el camino a la capital. Todo por solo tres monedas de cobre, y dos más si el viajero llevaba alguna carga de consideración.

La vieja barcaza de cedro no iba llena, pero transportaba al menos a veinte personas. Campesinos, comerciantes, algunos soldados y caballeros de clase samurai.

Uno de estos caballeros era un tipo arrogante y pagado de sí mismo. Su mirada tenia un destello de continuo desafío para quien no se doblegase ante ella con algún signo de mansedumbre. Era un hombre ruidoso y pronto congregó en torno a él a un buen número de viajeros teniendo captada la atención del resto. Contaba historias de batallas y duelos y se jactaba de su habilidad con la espada, ensalzando la escuela de esgrima a la cual pertenecía.

Un pequeño grupo de tres soldados era el que reía con más ganas las bravuconadas de aquel hombre tosco. Sus bravatas encontraban un eco fácil y risueño en aquellos jóvenes deseosos de acción y lo suficientemente inexpertos como para hallarse cómodos bajo alas ajenas y encontrar interesante aquellas historias llenas de sangre y violencia.

Solamente uno de los pasajeros parecía ajeno a las palabras del bravucón.

Con los pies apoyados en un rollo de cordaje y los brazos cruzados, dormitaba tranquilamente recostado, con el sombrero ancho de paja inclinado sobre la cara para protegerse del sol. Por su aspecto se veía que era un caballero de casta Samurai. Llevaba un kinu ligero y la hakama recogida en torno a las piernas, como solían hacer los caballeros que iban de viaje. De su obi, en el costado izquierdo, sobresalía el par de sables característico de su clase. Tenía una cara enjuta, aunque bien parecida y la cabeza afeitada a la manera de los monjes Zen. Algunos caballeros, educados en su juventud en monasterios zen, aun siendo ya laicos, mantenían este signo exterior de sus antiguos votos budistas. Su edad rondaba los cuarenta.

La inactividad del samurai dormido y el halo de dignidad que desprendía llamó la atención de aquel hombre violento. Pronto se sintió molesto ante la poca de atención que le prestaba. No cabía en su cabeza que alguien en aquella barca no admirase boquiabierto su charla engreída. Así que comenzó por hacer algún chiste fácil que sin duda el samurai dormilón escuchó pero al que no hizo ningún caso. El misterioso caballero continuaba sin brindarle ninguna atención.

Uno de los soldados intervino pendenciero, sintiéndose arropado por el grupo y el valentón.

-Parece que vuestras habilidades no interesan nada a ese caballero. Quizá vuestra narración le parezca aburrida… debe considerar sin duda que su escuela de esgrima es muy superior a la vuestra.

Tras este comentario aquel gallo de pelea se sintió con motivos para tomarse la actitud del samurai casi como una afrenta personal y, levantándose, se dirigió a nuestro caballero, lo agarró por un brazo y lo despertó de su sueño, sueño que en realidad hacía un buen rato que había finalizado.

-¡Eh, amigo! También vuestra merced lleva un par de espadas. ¡¡¿Por qué no responde?!!
El samurai miró fijamente al bravucón con una extraña tranquilidad. Sonriendo contestó:

-Mis habilidades difieren de las de vuestra merced. Mi arte tiene como misión no el derrotar a los otros, sino no ser derrotado.
-¡Vaya, vaya! Vuestra jactancia al hablar parece indicar que os creéis a vos y a vuestra escuela de esgrima superiores a los demás. ¿A que “ryu” pertenecéis? Si puede saberse.

-Mi escuela lleva el nombre de Mutekatsu- (lo que en japonés viene a significar “vencer sin manos”, es decir, sin utilizar la espada).

El pendenciero samurai rió estrepitosamente.

-¡Ja, ja, ja! ¡Vencer sin utilizar la espada! ¿Cuál es entonces la razón de que portéis las vuestras? ¿Son acaso simplemente un bonito adorno… ?

Bokuden, que así se llamaba el silencioso caballero, tardó unos instantes en responder mientras su mirada, de una forma extrañamente serena, mantenía la de su desafiante oponente:

-Mis espadas tienen como misión suprimir fines egoístas y no dañar a los otros. Es por tanto superior a las demás.

La cólera contenida del fornido samurai no conocía ya límites. Estaba deseoso de quitarle la vida a aquel extraño individuo que con tan poco temor le contestaba. La tensión se había apoderado de todos los pasajeros. En aquellos tiempos en que los caballeros iban provistos con armas tan mortíferas el traspasar ciertos límites suponía casi la certeza de que la sangre podía terminar corriendo.

-¿Insinuáis acaso que aceptaríais batiros conmigo?
Esta vez la la ausencia de todo temor o señal de cólera en la mirada de su oponente llegó a inquietar al encolerizado espadachín.

-¿Por qué no?- fue la respuesta de Bokuden.
-¿Cuál es vuestro nombre?- preguntó el otro iracundo.
-Bokuden.
-Bien, mi nombre es Yamada, no perdamos tiempo. Propongo que el barquero nos lleve inmediatamente a tierra firme.

La tensión se había transformado. Había surgido una nueva situación en la que la vida y la muerte se tocaban. Y el preámbulo de esta última dotaba de una dimensión diferente a la primera. Los soldados ante el giro radical que habían tomado aquellas primeras bromas, parecían extrañamente serios y miraban a Bokuden con una mezcla de respeto y temor.

-¿Qué le parece a vuestra merced -dijo Bokuden- el que desembarquemos en una de esas pequeñas islas? El hacerlo en tierra firme podría atraer a muchos curiosos. Alguien podría salir dañado.

-Como gustéis- el espadachín gritó entonces al barquero que se dirigiese a una isla cercana que se podía ver a estribor. Yamada tenía prisa por enfrentarse a Bokuden, deseaba sacar partido de su cólera violenta, pues en el fondo de su corazón intuía, sin ni siquiera poder confesárselo a sí mismo, que su adversario poseía algo de lo que él carecía y que temía.
La barcaza llegó a la pequeña isla. Yamada saltó aparentemente resuelto. Desenvainó la katana y se dispuso para el duelo.

Bokuden se quitó el sombrero de paja ante la temerosa y atenta mirada de los demás pasajeros. Pidió entonces al barquero que le sostuviese las espadas para poder saltar al islote. Pero en ese momento sin haber saltado, utilizando la pértiga del barquero Bokuden dió un fuerte impulso a la barca. Esta rápidamente se alejó de la isla ante la sorpresa de todos y la cólera de Yamada que se había alejado lo suficiente como para no poder abordar la embarcación de nuevo desde las rocas de la orilla llenas de deslizantes algas.

-Rema barquero- fue la tajante orden de Bokuden.
Mientras la barca se alejaba del burlado Yamada, Bokuden gritó sonriendo:
-¿Qué le parece a vuestra merced? Esta es la Escuela de la No-Espada.

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El Zen se empeña en enseñarnos a vivir aquí y ahora. En este sentido, esta historia cuyo protagonista es Tsukahara Bokuden, un maestro de la espada que vivió de 1490 a 1572, en plena época Ashikaga, está alejada de nosotros. Alejada de nosotros por el espacio y el tiempo. Nuestro mundo nada tiene que ver con el del Japón de nuestro relato. No llevamos espada al cinto, no vestimos hakama y no hay cabañas con techos de paja que sean el hogar de ningún viejo barquero.

Sin embargo quizás no estemos tan alejados como seres humanos de los hombres que vivían en Japón en aquella época. O de cualquier otra en cualquier otro lugar del mundo. Seguimos siendo en buena parte egoístas y jactanciosos. Demasiado orgullosos de nuestro propio camino al que adjudicamos una superioridad sin paliativos sobre el camino de los demás basándonos en argumentos ajenos que no han sido comprobados por nosotros mismos. A veces con egos demasiados grandes e infantiles que nos hacen envalentonarnos en la seguridad o ser cobardes en el peligro. O lo que es peor, que en ocasiones nos hacen estar dispuestos, sin pararnos mucho a pensar, a hacer daño a los demás (y en definitiva, siempre a la postre a nosotros mismos) por motivos estúpidos, como el caballero pendenciero de nuestra historia.

Para Bokuden, la espada era el símbolo de algo mejor. No como lo que es en su realidad material, un instrumento nefasto encaminado a hacer daño. Para él era una manera de mejorarse a sí mismo y a los demás.

Sería de desear que todos los que empleamos nuestro tiempo en las Artes Marciales, aunque solo sea un par de horas a la semana en nuestra apretada agenda, en una vida cada vez más agitada, veamos, como Bokuden, nuestro arte como una manera de mejorarnos. De lo contrario solo nos quedaríamos en bellas palabras.